Mamá, ¿por qué me has escondido la consola?

Hace unos días Juan Luis Cebrián, conocido periodista en nuestro país, animaba a los educadores a utilizar las nuevas. Casi el mismo día Henry Jenkins, Co-director del Comparative Media Studies en el Instituto Tecnológico de Massachusetts analizaba la presencia de los medios digitales en la Sociedad China. Se refería concretamente a los videojuegos y hablaba de la resistencia que creaban y de cómo mucha personas los rechazaban valorando muy negativamente una posible “adición al videojuego”, a los que se consideraba problemáticos precisamente porque su utilización era improductiva. Es decir, muchas veces se considera que el videojuego hace perder el tiempo e impide, por ejemplo, que los niños y niñas dediquen más tiempo jugar que a hacer las tareas escolares. Por esos días yo misma fui testigo de cómo una niña le pedía a su madre que no le escondiese la consola, con la que le gustaría pasar más tiempo; seguramente también su madre pensaba que le quitaba un tiempo que podría emplear en las tareas escolares.
¿Por qué estas valoraciones tan positivas ante las nuevas tecnologías, compartidas por los jóvenes y los académicos, incluso por periodistas que se interesan por los nuevos medios, son en alguna medida rechazadas por las familias o los responsables más directos de la educación escolar de los niños y niñas? Esta situación provoca la reflexión. Recordando nuestro trabajo en los colegios y en las aulas podemos pensar que, seguramente, tras esas diferencias que se expresan abiertamente existen otras más profundas relacionadas con la idea de lo que se puede o debe aprender en la escuela.

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